miércoles 19 de diciembre de 2007

lo flipas

No me puedo resistir. Me van a dar ostias hasta en el cielo de la boca, pero no puedo evitar hablar de política.


Sí. Política. O Economía, más bien. O teoría del money, money. O Cómo Hacer Que Los Que A Mí Me Interesan Sean Los Buenos.


Asunto: Gadafi visita Espain. Encuentro con el matrimonio Ánsar, charleta con los Reyes, instalación de una jaima en los jardines de Palacio, Zapatero "consolidando las buenas relaciones intergubernamentales" , los empresarios gordos lamiendo culos con chilabas, pitos, flautas, veinte vírgenes danzando con velos, etecé.
Yo no es que sea muy vieja, pero, por lo que creo recordar, Gadafi era un malo malísimo hace no muchos años, que dio un golpe de estado y tal, que es bastante radical el tema islámico, que se hizo amiguito de todos los terroristas de por allí y que apoyó cualquier movimiento anti israelí o anti yanqui que brotaba a su alrededor... Luego parece ser que vio que para forrarse es mucho mejor ser amigo de los que manejan el cotarro. Entonces hizo las paces con USA, dijo que los terroristas eran malos, y chin pún, todo arreglado.
Pero, que yo recuerde, sigue siendo un dictador. Y se sigue pasando los derechos humanos fundamentales por el forro de los cojones. Entonces... no sigue siendo malote? ¿No hay que invadirle en pro de la democracia? ¿No es un gobierno ilegítimo? ¿No le va a decir el Rey "Por qué no te callas"? Nor, fistro, noorl. El Rey le prepara la camita en La Zarzuela, y, caramba, por una vez, Pepé y Pesoe están de acuerdo, y dicen en estéreo que es una visita de lo más chachi.
Aaaah, que el tema es que se lleva bien con los empresarios. Aaaaah... Que nos hace ganar dinerito rico. A tí y a mí no, por supuesto, que somos un par de pringaos, pero a los peces gordos les suministra alpiste a chorro.
Me voy a meter más todavía en el jardín éste: Pero, ¿no era que no negociábamos con terroristas, ni con los que les respaldan ni apoyan ni aplauden o aplaudieron? ¿O depende un poco de lo lejos que nos toque?
Jopé. Yo sin entender nada, y el asunto es súper simple.
En realidad Gadafi es un tipo majete. Pintoresco, con sus ropas y sus gorritos. Fíjate, qué pillín, con su séquito de veinte guardias vírgenes (tías). Eso no es discriminación sexual, no, qué va. Es de lo más normal en éste mundo el catalogar a las tipas por el uso que le den a su propio coño.
(Uuuuuuh -ya oigo los abucheos- feministona, trasnochada, estrecha... eso ya no se lleva...)
Sí, lo dicho. No es vejatorio, es pintoresco. Folklore puro. Ya lo voy pillando.
Puestos a deshacernos el nudo de la picha, podrían publicar directamente un listado con los malos-malos y los malos-buenos. Y ya puestos, con los malos-con-opción-de-pasar-por-el-aro y los buenos-que-como-sigan-sin-tragar-les-vamos-a-encular. Algo sencillo, en plan: Gadafi bien, Fidel mal, Mohamed VI bien, Chávez mal, etecé etecé.
Ahí queda mi propuesta.


lunes 10 de diciembre de 2007

soy un electroduende y nadie me comprende.

Siempre he sido rarita. Pero rarita con suerte. Vamos, que no se me nota demasiado. Y siempre ha habido algún desdichado a mi alrededor más rarito que yo, lo que le ha convertido automáticamente en el Saco de las Ostias de turno, librándome a mí de tan dudoso honor.
En preescolar, era la nueva -llegué a mitad de curso-, y además no veía "V": mal. Pero había otro que pesaba casi cien kilos y tenía una voz de soprano con la que acostumbraba a llamar "mamá" a la profe. A por él, mis valientes. Yo libro.
En el cole, leía libros en el recreo y deletreaba cualquier palabra a la velocidad de la luz. Maaal. Pero había otra que llevaba gafas de culo de botella y no usaba champú. A por ella, mis mamelucos. Yo vuelvo a librar.
En el insti no vestía ropa de marca -sacrilegio- y no me había morreado con ninguno. Maaaaaal. Pero había bastantes como yo. Afortunadamente mi insti era un nido de raritos, y, como empezamos a morrearnos los unos con los otros, el estigma se soportaba con alegría. Venid a por nosotros, cobardes, si os atrevéis. Libro again, así que llego a la edad adulta sin pasar por el trago de ser el blanco de las iras de la Patrulla Guay Anti-Raritos, con sedes en todas las capitales de provincia y franquicias en el extranjero.
A pesar de todo, siempre viví con la certeza de llevar pintada una diana en la chepa. Atravesaba el patio del cole con miedete, no fuera a ser que ese día estuviera enferma la de las gafas de rompetechos y me tocara a mí pringar. Ese miedete imprime carácter. En mi caso, carácter cobarde.
Dediqué gran cantidad de esfuerzo a encajar con los guays. Lo admito. Quería ser como ellos.
Es normal, me diréis, es el instinto de supervivencia. Y una mierda.

No es normal querer ser como alguien a quien se desprecia. Y yo despreciaba a los guays desde lo más profundo de mi alma rarita. Los despreciaba por bobalicones, por pijos, por malos, por envidiosos, por creerse superiores, por ignorantes... pero quería ser así. Quería leer la SuperPop y que me interesara, hablar de chicos y de maquillaje, aprenderme osea-de-memoria-te-lo-juro, tía, las canciones del último disco de Alejandro Sanz. Tener unos Levis. Tirar a la basura las zapatillas Victoria y hacerme como fuera con unas Nike. Reírme en voz alta, echando la cabeza patrás, en plan cómo molo. Llevar, en fin, una vida sin complicaciones, sin preguntas filosóficas, sin dudas existenciales. Qué vergüenza, por dios, qué lástima de energía desperdiciada. Para nada, porque estaba claro que no lo iba a conseguir. Y, qué coño, no le coges el punto. No acabas de entender lo guay de ser guay. Y, para ser guay, la regla de oro es no cuestionarse a uno mismo, ni mucho menos a los demás. Imposible triunfar en la discoteca ligth si en mitad del bailecito te empiezas a reír de tí misma por la pinta de gilipollas que tienes tratando de imitar a las spice girls. Ese día pones punto y final. Vueve a tus libros, a tus pelis, a tus música friki. Y disfruta.

Lo puñetero de la élite guay es que contamina bastante. Los hay que nacen así de molones, los hay que pasan su infancia intentando desesperadamente ser como ellos -es mi triste caso-, y luego está la mayoría que, simplemente, aceptan la doctrina guay y la asimilan sin problemas. Es guay, es norma, es dogma de Fe, no se discute, y punto. Así que un día te das cuenta de que ya no es que no seas chachi, cosa que ya has asumido hace tiempo, sino que es que no tienes nada que ver con el noventa por ciento de la gente que te rodea. Es como estar en un cine abarrotado de público y que, tras un gag del secundario, sólo te rías tú. El eco de tu carcajada solitaria se pierde mientras la peña te mira alucinada, y tú piensas, "dioss, lo he debido entender mal, seguro que no tenía puta gracia".

Entonces pasas a otra fase: la de acostumbrarse a que te miren mal. Acostumbrarse a que, sea lo que sea de lo que se hable, tu forma de pensar no va a coincidir con la de los otros. Lo más probable es que los otros no sólo no tengan en cuenta tu opinión, sino que, además, se la van a pasar por el forro de los cojones.

Otro gallo cantaría si fuera una rara de esas con clase, una rara-creativa, una inteligencia superior a la media capaz de mirar desde las alturas los cogotes de los pobres mortales. Pero qué va, si soy de lo más normal: tengo casa, a Elchico, un trabajo, me gusta el cine y pasear, soy amiga de mis amigos y de la comida china y me pongo triste los días de lluvia. Modelo estandard de concursante del un-dos-tres.
Y aún así no me acostumbro ni pa dios. No me acostumbro a la mala ostia gratuíta, a las opiniones-consigna, a las generalidades, a que puteen al pakistaní de las rosas en los bares, ni al top-five de los cuarenta principales. Será cuestión de sensibilidad o de que bebo poca leche. No sé. Ya lo iremos viendo.

Saludos, torpes.

lunes 3 de diciembre de 2007

village people

Cuando pensaba que, tras diez meses trabajando en Villatomarpor, estaba absolutamente integrada en el medio rural (deep spain), llegaron, catapún, las fiestas de noviembre.


Una ve en el calendario que el 28 de noviembre es el patrón y piensa que le van a dar el día libre, que podrá hacer planes, desconectar de la Ofi, quedar con viejos amigos, recuperar la pasión con la pareja, ordenar el trastero, y todas esas cosas que guardamos para las vacaciones.


Y resulta que lo que toca es preparar un "lunch".

¿Qué es un lunch? Una degustación. ¿En qué consiste una degustación? En preparar tres o cuatro tipos de alimentos en platos de plástico y repartirlos de forma gratuita entre los habitantes de Villatomarpor.Cuando me llamó ElJefeSupremo y me dijo que si me animaba a preparar "choricillo a la sidra y otras viandas", no predije que decir que sí supusiera tan gordo sacrificio.


Total, que el miércoles, día del patrón, a las once de la mañana cierro la Ofi y me dispongo a preparar viandas. ElNotas, que también se ha apuntao al bombardeo, me ayuda a preparar las bombonas de butano y los cacerolos. Hay una cazuela en la que podemos montar un jacuzzi casero y dos paelleras del tamaño de Wisconsin. Me parece todo gigantesco, pero es que hay kilos y kilos y más kilos de papeo.

Empezamos. Cortamos chorizo crudo en rodajitas, se me ponen los dedos rojos. Echamos el chorizo y la sidra (tó junto y de golpe), con el butano a tope. Aquello empieza a borbotear como la marmita de un druida. Vale. El tema del chorizo a la sidra está en marcha, incluso huele bien. Vamos con lo demás, a saber: langostinos, longaniza cruda, pinchos morunos. Cocemos la mitad de los langostinos y ponemos la otra mitad a la plancha. La longaniza la troceamos y la ponemos a la parrilla, y los pinchos morunos, a la plancha. Hay comida como para siete pueblos del tamaño de Villatomarpor, y todo tiene buena pinta. A éstas alturas, ElNotas y yo sentimos que Arguiñano no nos llega ni a la suela de los zapatos. También sentimos que vamos a salir considerablemente más tarde de trabajar, porque habrá que esperar a que los menos de doscientos jubiletas que componen la población de Villatomarpor, se lo terminen todo. Y eso, masticando con dentaduras postizas, previsiblemente tardarán un rato.

Qué coño, un rato.
En cuantito termina la misa y la procesión (de las que me he escaqueado con eso de estar de cocinera, algo bueno tenía que tener), los doscientos viejos entran en tropel.
Comida grátis. Oh, dios mío.
Me arrebatan el chorizo de las manos temblorosas, se pisan unos a otros para coger raciones de longaniza, agitan los platos ya vacíos en el aire.
No mastican, lo juro.
"Chiguita, yo el chorizo no le probao toavía, dame otro y otro más para la Loli y dos más para Tibur y un plato entero langostinos me echas aquí pal Gregorio, que le gustan mucho".
Me canso de gritar que guarden fila, que hay para todos, que nos dejen repartirlo por las mesas, que me dejen servirlo en platos, que no metan, por el amor de dios, las manos directamente en las cazuelas. Inútil. Me quedo afónica para nada.
En media hora se ha acabado todo. Todo. No he conseguido probar nada de lo que he preparado. No han dejado ni pan. Y había ciento tres barras.
La plaga de langosta de la que se habla en la Biblia no fué pa tanto, seguro. Rediós.
No volveré a subestimar la capacidad engullatoria de los jubilados. Palabrita de honor. Y no me vuelven a enganchar en otra de éstas ni de coña, vamos. Donde esté mi oficina y mis sellos de registro, que se quiten todos los "lunchs" del mundo, sus putas madres y sus trescientos padres.
Queda dicho.