miércoles 19 de diciembre de 2007
lo flipas
lunes 10 de diciembre de 2007
soy un electroduende y nadie me comprende.
No es normal querer ser como alguien a quien se desprecia. Y yo despreciaba a los guays desde lo más profundo de mi alma rarita. Los despreciaba por bobalicones, por pijos, por malos, por envidiosos, por creerse superiores, por ignorantes... pero quería ser así. Quería leer la SuperPop y que me interesara, hablar de chicos y de maquillaje, aprenderme osea-de-memoria-te-lo-juro, tía, las canciones del último disco de Alejandro Sanz. Tener unos Levis. Tirar a la basura las zapatillas Victoria y hacerme como fuera con unas Nike. Reírme en voz alta, echando la cabeza patrás, en plan cómo molo. Llevar, en fin, una vida sin complicaciones, sin preguntas filosóficas, sin dudas existenciales. Qué vergüenza, por dios, qué lástima de energía desperdiciada. Para nada, porque estaba claro que no lo iba a conseguir. Y, qué coño, no le coges el punto. No acabas de entender lo guay de ser guay. Y, para ser guay, la regla de oro es no cuestionarse a uno mismo, ni mucho menos a los demás. Imposible triunfar en la discoteca ligth si en mitad del bailecito te empiezas a reír de tí misma por la pinta de gilipollas que tienes tratando de imitar a las spice girls. Ese día pones punto y final. Vueve a tus libros, a tus pelis, a tus música friki. Y disfruta.
Lo puñetero de la élite guay es que contamina bastante. Los hay que nacen así de molones, los hay que pasan su infancia intentando desesperadamente ser como ellos -es mi triste caso-, y luego está la mayoría que, simplemente, aceptan la doctrina guay y la asimilan sin problemas. Es guay, es norma, es dogma de Fe, no se discute, y punto. Así que un día te das cuenta de que ya no es que no seas chachi, cosa que ya has asumido hace tiempo, sino que es que no tienes nada que ver con el noventa por ciento de la gente que te rodea. Es como estar en un cine abarrotado de público y que, tras un gag del secundario, sólo te rías tú. El eco de tu carcajada solitaria se pierde mientras la peña te mira alucinada, y tú piensas, "dioss, lo he debido entender mal, seguro que no tenía puta gracia".
Entonces pasas a otra fase: la de acostumbrarse a que te miren mal. Acostumbrarse a que, sea lo que sea de lo que se hable, tu forma de pensar no va a coincidir con la de los otros. Lo más probable es que los otros no sólo no tengan en cuenta tu opinión, sino que, además, se la van a pasar por el forro de los cojones.
Otro gallo cantaría si fuera una rara de esas con clase, una rara-creativa, una inteligencia superior a la media capaz de mirar desde las alturas los cogotes de los pobres mortales. Pero qué va, si soy de lo más normal: tengo casa, a Elchico, un trabajo, me gusta el cine y pasear, soy amiga de mis amigos y de la comida china y me pongo triste los días de lluvia. Modelo estandard de concursante del un-dos-tres.
Y aún así no me acostumbro ni pa dios. No me acostumbro a la mala ostia gratuíta, a las opiniones-consigna, a las generalidades, a que puteen al pakistaní de las rosas en los bares, ni al top-five de los cuarenta principales. Será cuestión de sensibilidad o de que bebo poca leche. No sé. Ya lo iremos viendo.
Saludos, torpes.
lunes 3 de diciembre de 2007
village people
¿Qué es un lunch? Una degustación. ¿En qué consiste una degustación? En preparar tres o cuatro tipos de alimentos en platos de plástico y repartirlos de forma gratuita entre los habitantes de Villatomarpor.Cuando me llamó ElJefeSupremo y me dijo que si me animaba a preparar "choricillo a la sidra y otras viandas", no predije que decir que sí supusiera tan gordo sacrificio.
Total, que el miércoles, día del patrón, a las once de la mañana cierro la Ofi y me dispongo a preparar viandas. ElNotas, que también se ha apuntao al bombardeo, me ayuda a preparar las bombonas de butano y los cacerolos. Hay una cazuela en la que podemos montar un jacuzzi casero y dos paelleras del tamaño de Wisconsin. Me parece todo gigantesco, pero es que hay kilos y kilos y más kilos de papeo.
Empezamos. Cortamos chorizo crudo en rodajitas, se me ponen los dedos rojos. Echamos el chorizo y la sidra (tó junto y de golpe), con el butano a tope. Aquello empieza a borbotear como la marmita de un druida. Vale. El tema del chorizo a la sidra está en marcha, incluso huele bien. Vamos con lo demás, a saber: langostinos, longaniza cruda, pinchos morunos. Cocemos la mitad de los langostinos y ponemos la otra mitad a la plancha. La longaniza la troceamos y la ponemos a la parrilla, y los pinchos morunos, a la plancha. Hay comida como para siete pueblos del tamaño de Villatomarpor, y todo tiene buena pinta. A éstas alturas, ElNotas y yo sentimos que Arguiñano no nos llega ni a la suela de los zapatos. También sentimos que vamos a salir considerablemente más tarde de trabajar, porque habrá que esperar a que los menos de doscientos jubiletas que componen la población de Villatomarpor, se lo terminen todo. Y eso, masticando con dentaduras postizas, previsiblemente tardarán un rato.

