jueves 10 de julio de 2008

cuento que pasó en julio

Soy el viejo de la bicicleta.
Me dí cuenta ayer, ayer justamente, antes de salir de casa con la peugeot oxidada con la que me obligo a moverme. "Debe usted pasear, ejercitar esas piernas" me dijo la doctora hace cinco o seis años. Empecé andando, pero me oía pensar. Me oía pensar demasiado. Pensaba en Carmen, en Estela, en sus hijos. En tu mano fría soltándose de la mía.
Fui a la tienda que han abierto junto a la panadería, la de los chinos. Me compré una radio pequeñita, con unos auriculares minúsculos que se me perdían en las orejas. Me lo ponía mientras andaba, para no oirme los pensamientos. Pero no funcionó. Las palabras de los locutores me traían otras palabras tuyas, o las mismas, pero pronunciadas por tí, y otra vez tenía que pararme en mitad del camino y soltar un juramento, asustar a alguna señora que paseaba también, y subir el volúmen. Y seguía sin funcionar.
Carmen se enteró de que había dejado de andar y me echó la bronca. "Pero papá", me dijo "que te lo ha dicho la doctora, que te tienes que mover". Yo le conté lo de los paseos y lo de que me oía y te oía todo el rato, pero no se enteró de nada. O no se quiso enterar. Ya sabes que a Carmen le han agobiado siempre mucho nuestras cosas.
Luego vino Estela una tarde, con sus pelos saltarines y esas faldas que lleva, que no sé si tienen cascabeles o es ella que suena cuando anda. Vino con su hijo mayor, creo que andaba ya por los cinco años. Se traía una frase ensayada, que me soltó por el teléfonillo automático cuando su madre contó hasta tres. "Un-dos-tres, ahora, venga, dile" : "Abuelo, baja que te voy a dar un regalo".
Bajo y es una bici, el regalo. La peugeot ésta que tengo. Es un gran regalo, y no se lo he dicho a Estela todavía. Pero ella sabe. Sabe que la uso todos los días, que todas las mañanas me voy por el camino de las huertas. La bici es mucho mejor que andar. Te suena el viento, en los oídos, fiiiiiuuu, fiiiiiiuuu, y así no tengo que oírme pensando todo el rato.
Hay días que voy lejos. Tan lejos que luego me cuesta volver. Pero la mayoría de las veces voy hasta los dos chopos que hay antes del colegio, me paro, los toco y me doy la vuelta. Tengo los gemelos fuertes y duros y morenos, y la gente se vuelve y me mira. Carmen cree que me miran por "las pintas que llevas, papá, por dios". Pero es por éstos gemelos morenos y duros, que no se espera nadie que los tenga un viejo. Y sí, ya sé que tampoco se esperaba nadie que saliera a la calle con el maillot azul, ni la camiseta de Ariel-blanco-puro que te regalaron por comprar dos tambores de detergente. Ni la gorra en la que pone Iverson, y que sé que es un jugador de baloncesto americano porque me lo ha dicho el hijo de Estela. Pero, te decía, se vuelven a mirar mis piernas, mis gemelos. Se vuelven todos con los que me cruzo en el camino de las huertas. Las señoras que roban cerezas, las otras señoras que van en grupo y cantan y se ríen muy alto. El hombre del perro enorme también se vuelve a mirarme. Y una mujer que va en pantalón corto y con la parte de arriba de un bañador. Y dos señores con bastón. Y una chica embarazada que pasea despacito y va rozando las plantas, las flores, con la punta de los dedos.
Soy el viejo de la bicicleta, entonces.
¿Recuerdas cuando era el chico de la moto? "Está ahí el chico de la moto", te decían tus amigas, y tú hacías como que no me mirabas, y yo pasaba acelerando, brrrrrom, muy cerca de tí, nervioso. Y el gran día aquél que me cargaron la cesta hasta los topes, el señor de los ultramarinos, y me mandaron a repartir, y la moto se tambaleaba, por el peso, y cuando te ví fue ya el acabóse, el tambaleo, entre los botes de conservas y mis nervios, y menuda talegada me dí. El gran día de la talegada. Me raspé todo, todo me sangraba: la cara, las rodillas, los codos. Los botes de espárragos de la ribera y de remolacha rodaban por la calle, y tú viniste a cogerme la mano, y yo ya no la quise soltar nunca más. Tu mano.
Se puso luego tan fría, tu mano.
Se puso fría, pero tu voz sonaba cercana diciéndome te quiero, cosas raras que tú me decías sin ninguna vergüenza, mirándome a los ojos, acercándote, con la boca ansiosa para besarme. Y a mí no me salió entonces decirte te quiero. No me salió entonces ni mucho antes, no me salió nunca, porque sé que a mí esas cosas me salen con una torrentera de lágrimas que no son propias del chico de la moto, de un hombre, del viejo de la bicicleta. No me sale, y no me sale besar a los hijos de Estela y Carmen, por eso mismo, para esquivar la torrentera. Les doy cachetitos cariñosos, y a ellas, a Carmen y a Estela, les doy con la mejilla en su mejilla, y con eso se dan por contentas.
Y ayer me arrepentí, de repente. Pedaleaba con energía, por el camino de siempre, pero me vino tu te quiero tan fuerte que lo oí, aún a pesar del viento en las orejas. Fiiiiiiu, fiiiiiu, te quiero, no sé qué pasó entonces, que aterricé en el suelo con la cara, con los codos, con las rodillas, como el gran día de la talegada.
Me salió decirte te quiero en el suelo, con el cuerpo molido. Me salió decírtelo ahora que no me oyes, y me oyó la chica preñada, pero no me dio vergüenza, y la miré a los ojos y la sonreí, y ella me cogió la mano hasta que llegó la ambulancia.

18 comentarios:

gladiator dijo...

vengo a buscar tus historias, tus pensamientos, tus novedades, cada semana. y no porque me interese especialmente la vida de alguien a quien no conozco, sino por la manera que tienes de describir todo lo que te toca, te afecta, te roza. y, de vez en cuando, un cuento. o un cuento que pasó, como el de hoy. estoy casi seguro de que te ibas andando a casa, mientras se alejaba la ambulancia con el viejo de la bici dentro. te imagino volviendo a casa inventando toda ésta historia, que en tres minutos me ha hecho suspirar...
sigue así.

elshowdefusa dijo...

Tengo unas horribles ganas de llorar, Dudo. Me ha gustado muchísimo tu relato. Y ojalá seas tú la chica preñada... ojalá que sí.

Pensamientos enlazados sin miedo a ser escuchados. Precioso, de verdad. Y ese final... y todo cosido como por encima unas palabras de otras. Que por un momento parece que se alejan y no tienen nada que ver... pero es todo el mismo tejido. Y ese te quiero... y esa segunda talegada. En fin.

Mi sombra dijo...

creo que es lo mas bonito que he leido nunca, me dejas a punto del lloro. por cierto, este es el SEGUNDO COMENTARIO que te escribo, aunque el primero solo fue para ver si reconocias la identidad.

gurmo dijo...

joer, hermana, qué bueno. Publica de una vez, leches. A ver si hago algún contactillo editor... que no saben el filón que tendrían contigo

dudo dijo...

gladiator, fusa:gracias... sí y no soy yo. fusa, esque escribes que te mueres de gustito hasta cuando me comentas. qué lujo,hija, qué gustazo.
mi sombra: idioto.
gurmo: te puede el cariño, me parece a mí...

mariokun dijo...

Por un momento has conseguido que vea a través de los ojos del viejo de la bicicleta, y que sea capaz de sentir lo que él siente.

Creo que gurmo no exagera lo más mínimo. Sería una pena desperdiciar este talento, en serio.

isita dijo...

¡Qué bonito! Me encanta cómo escribes, porque llegas al alma.
Creo que gurmo no sólo tiene amor de hermano, sino también las cosas claras.
Es una lástima que el mundo esté lleno de libros horribles cuando hay tanta gente con talento entre las sombras...

fritus dijo...

Joder, joder...todos son buenos pero este es cojonudo. El señor de la bici y sus piernas cañón, ...me ha recordado levemente al señor Pereira de Tabucchi que hablaba con la foto de su mujer.

Siempre hemos de decir "te quiero" por si acaso, y porque lo sentimos...

Yo también tengo una gorra blanca de Iverson de los seventisixers, y lo que es peor, una camiseta de tirantes NBA del mismo jugador....mi mujer siempre me dice que que me creo, que si creo que soy todavía un adolescente, que ya tengo cuarenta años...por una oreja me entra y por la otra me sale.

Un abrazo

fritus dijo...

Ah perdón...coincido con la señora Isita, deberías editar tú misma un libro ni que sea en fotocopias, como hizo Joyce con su Ulises, ...el mundo tiene que verte. Eres grande.

brujaroja dijo...

Qué bueno. Tienes talento, Dudo, estoy segura. Podías haber contado esa historia desde la perspectiva tuya, la perspectiva de la chica, que sería lo normal. Pero el talento se ve justo en esas cosas...
Qué bueno.

dudo dijo...

jolines, que me sonrojo... gracias a todos. y gracias por leerme.
fritus, es curioso lo del sr. pereira, porque tengo más cosillas de éste viejo mío, y me recuerda casi demasiado al de tabucchi, eso me frena... no es que pretenda ser original, sólo quiero ser agradable, algo que se pueda leer tranquilamente, algo en cierto modo parecido a lo que me gusta leer a mí... en fín. es como con los cuentos de lucas, o de otros personajes, que se me parecen tanto a personajes de autores de verdad que me da cosa... sí, ya sé, se tiene que notar lo que una lee. En fin, me estoy liando. Sólo quería daros las gracias.

memoria dijo...

Te encuentro como casi todo lo que me sale al camino, por casualidad. Después de varios días desconectada ahora le tengo muchas ganas a esta cosa de los blogs y es por eso que he llegado hasta aquí. Para quedarme, creo. Veo, además, a varios amigos entre tus enlaces. Y aunque sólo fuera por eso, que no.

Nos vemos, pues.

Malvada Bruja del Norte dijo...

Te conozco de haberte leído en una casa amiga. Hoy por fin te leo del tirón...
Tremendo relato, lleno de emociones, nostalgia, de tiempos de ayer y miradas de hoy...Es genial de veras.

lapetiteenbelgique dijo...

Por qué a veces es más fácil decir las cosas cuando ya es demasiado tarde y no nos pueden oir? Yo también soy un poco como el viejo de la bicicleta, sé que le daría una alegría a más de uno, pero no puedo...

Cecilia Alameda dijo...

Me sumo a los elogios vertidos por tus lectores habituales. Dice un amigo que sabe bastante de escrituras que encontrar el punto de vista de la narración es díficil pero sin respetarlo y seguirlo, se pierde calidad. Supongo que no es el caso de tu relato.

El Zorrocloco dijo...

Este me ha tocado un poco, supongo que porque hace nada que me he despedido de una personita importante para mí... Aunque ha sido un hasta pronto y no algo tan definitivo como lo del marido de Carmen.

Ahora venía la parte de los halagos (sentidos halagos, conste), pero ahora mismo no me salen. Seguro que eres consciente de lo bien que escribes ;)

Un besote!

Indo dijo...

como por unas cosas y otras llevo varios días a ras de suelo, no es extraño que tu cuento me haya hecho aguantar las lágrimas (soy de los que evitan el torrente). pero una vez más es la ostia. PUBLICA. no sé ya cómo decirtelo, tía, pero eres la mejor y parece que no te das por aludida.

Ignacio dijo...

Hola! He entrado en tu blog. Es lo mejor que he leído últimamente. He descubierto el blog por medio de loschinocuentos de Javi Triana, y me voy a enganchar a él. Te importa si te pongo como blog amigo en el mío? es www.blogs.ya.com/uncuerpoquelate
De verdad, es lo mejor que he leído últimamente, te visitaré a menudo.