- Pero, pero ¿qué cojones queréis las tías?- preguntó un día lejano un amigo despechado. Estábamos sentados en el césped húmedo de un parque, viendo a los adolescentes darse unas galletas de la muerte con los monopatines.
- En serio, ¿qué coño queréis de nosotros?- insistió.
- En serio, ¿qué coño queréis de nosotros?- insistió.
- ¿Qué es el ser, qué es la esencia, qué es la nada, qué es la eternidad??... - contesté yo, poniendo voz de Julián Hernández, intentando no entrar en materia.
Mi amiga laViajera sentenció, tras una calada de porro especialmente larga:
- Queremos cariño y una buena polla.
Yo sonreí y asentí, completamente convencida de tan simple aseveración. (Fue hace mucho tiempo, era muy joven... en fin, hubo años en que realmente creí que con eso bastaba. Cariño y una buena polla. Que no es poco, si lo piensas).
Mi pobre amigo, el despechado, se había roto los cuernos detrás de una tía que tenía, digamos, más altas aspiraciones. Había hecho todo lo que pone en las Cosmopólitans que nos gusta a las tordas: lo de las flores, cenas con velitas, paseos de la mano, nos tomamos nuestro tiempo, nada de polvos en la trasera del coche, reina mía, te mereces una suite de hotel y tres orgasmos por lo menos... Y ella, después de un mes y pico de marear la perdiz, le había dicho que en realidad lo veía como a un amigo. Ayyy, qué dolor...
- No has contado con el factor suerte. Ni con el factor chispa. - Le dije yo, intentando explicar lo inexplicable.
- Ni con el factor su putísima madre - Contestó, más cabreado aún, con lo que decidí guardarme mis teorías y seguir fumando en silencio.
No mucho tiempo después, me convertí en una universitaria resabidilla que había decidido que incluso el cariño sobraba, porque lo realmente importante en una relación era la polla, of course, y la conexión metafísico-tántrica-intelectualoide. Conectar, conectar, ésa era la clave. Sólo que muchas veces sólo me encontraba un enchufe (vía carnal, para entendernos).
Apareció entonces elChico, que no me pegaba nada, que me gustaba pero, uf, no iba a mi rollo. Y él, dale que te pego, no paraba de insistir. Yo traté de disuadirle con lo de la metafísintelectualidad de los cojones, y le pregunté a traición, con la boina de existencialista calada hasta los ojos, y el mar de fondo, que qué le inspiraba el horizonte.
Ahora la caga, pensaba yo, que había calculado posibles respuestas y suponía que ninguna iba a estar a mi altura de intelectual de altos vuelos. Y va elChico y me dice:
- No sé, pero me dan unas ganas de abrazarte fuerte, fuerte...
Glups. Adiós a todas mis teorías. Adiós, bragas, que habéis caido hasta mis tobillos. Y así hasta el día de hoy, en que, querida barriga, mira cómo me hallo.
¿Qué hizo una en otras vidas para merecer ésta suerte? No lo sé. Sigo creyendo que la suerte tiene que ver algo. La suerte, Zeus todopoderoso, o qué sé yo, tiene importancia, pero sólo en un principio. Luego el tema es currarse la relación toditos los días. Toditos los días te quiero, toditos los días buscar el rato de estar achuchaos, toditos los días qué tal el trabajo, toditos los días no te preocupes que lo vamos a arreglar juntos...
Tu padre y yo, querida barriga, tenemos la absurda teoría de que, si todo el mundo tuviera, en algún momento de sus vidas, un poco de lo que tenemos nosotros, otro gallo cantaría. Habría menos guerras, menos injusticias... Tenemos esa absurda teoría, y por eso vas a venir al mundo, que es un sitio por lo general lleno de caca de pañal, pero que creemos que va a mejorar con tu presencia.
Qué par de ingénuos, eh?...
Ya te digo...

