Ni siquiera la obstinada insistencia de mi hermana había conseguido que me pusiera a escribir una crónica del concierto de Franz Ferdinand del pasado 3 de abril, como ella me había pedido. Que sí, que ya me valía, que ha pasado casi un mes.
No, decía, no ha sido ella la que me ha empujado a sentarme esta mañana delante del ordenador. Han sido los cabrones de Mando Diao (aquí su página oficial).
Si la banda escocesa es ya de por sí ES-PEC-TA-CU-LAR en directo, sus conciertos tienen la propiedad de descubrirme joyitas ocultas. En 2006, en un MetroRock de orgasmo musical, llegué al final de un concierto de Ok Go, que para el que no los conozca, son estos... personajes:
Sirva uno de mis temas preferidos para presentarles (por cierto, que el título original es It's a disaster):
Retomemos. Finales de junio de 2006. Servidor llega al escenario donde Ok Go regala las últimas notas de su concierto (del cual me perdí el 98 por ciento, intuyo), deja los instrumentos y se acerca al borde del escenario a saludar... o eso creíamos. "It's time to dance", nos espetan, y empiezan con esas ridículas coreografías que han hecho famoso al conjunto de Chicago.
Pero yo iba a hablar del 3 de abril en el Palacio de los Deportes. Un día después de que la hermana del rey asistiera al concierto de AC/DC en ese mismo lugar, me dirigía yo al recinto en compañía de una amiga polaca que estaba de visita en Madrid y de una hermosa botella de vodka polaco que tuvo la deferencia de traer, pero eso es otro asunto...
Entramos al pabellón y un segurata nos dice que vayamos directamente a las gradas, que llegamos tarde y no hay sitio. Mi amiga Marta hace amago de subir por las escaleras, pero la cojo y me la llevo a la pista. "Esta historia me la han contado mil veces", le digo, "que es por desatascar". Y allí que nos plantamos, en medio-medio de la pista, aún a mitad de su capacidad, treinta segundos antes de que saltaran al escenario ellos. Perdón: Ellos.
Su primer disco salió hace siete años y yo sin conocerles. Quizá os suene de oirla en bares esta otra, que está ahora de moda:
En este último videoclip se puede ver que ya cuentan con más de tres duros para grabarse.
En pleno éxtasis musical, se despiden y se piran. Mierda. Con las ganas que me he quedao. Pero al rato salta Franz Ferdinand con un despliegue de luz y sonido descomunal. Fieles a su estilo. Saludo y al turrón: "Houla Medrid!" y sueltan esto:
Uno tras otro fueron cayendo The Fallen, Take me Out, Michael, Jacqueline... o uno de sus clásicos...
Creo que nunca he temido tanto por los cimientos de un edificio... Se veía una clara tendencia de más a menos, pero aún quedaba traca. Entre otros, Ulysses, del último disco, o la típica gamberrada de The Outsiders (a partir del 5.07 viene lo bueno):
Ahí los tienen. Cinco personas tocando la batería. Nos despacharon con un impecable This Fire y tan contentos que nos quedamos, oiga. Pasamos por un par de bares para beber algo y calmar el subidón (la chica estaba de turismo y no podíamos permitirnos perder toda la mañana del sábado) y, al llegar a casa, creo que tardé dos minutos en poner a descargar la discografía de Mando Diao. Gran descubrimiento. Y con ellos desde entonces.
No, decía, no ha sido ella la que me ha empujado a sentarme esta mañana delante del ordenador. Han sido los cabrones de Mando Diao (aquí su página oficial).
Si la banda escocesa es ya de por sí ES-PEC-TA-CU-LAR en directo, sus conciertos tienen la propiedad de descubrirme joyitas ocultas. En 2006, en un MetroRock de orgasmo musical, llegué al final de un concierto de Ok Go, que para el que no los conozca, son estos... personajes:
Sirva uno de mis temas preferidos para presentarles (por cierto, que el título original es It's a disaster):
Retomemos. Finales de junio de 2006. Servidor llega al escenario donde Ok Go regala las últimas notas de su concierto (del cual me perdí el 98 por ciento, intuyo), deja los instrumentos y se acerca al borde del escenario a saludar... o eso creíamos. "It's time to dance", nos espetan, y empiezan con esas ridículas coreografías que han hecho famoso al conjunto de Chicago.
Pero yo iba a hablar del 3 de abril en el Palacio de los Deportes. Un día después de que la hermana del rey asistiera al concierto de AC/DC en ese mismo lugar, me dirigía yo al recinto en compañía de una amiga polaca que estaba de visita en Madrid y de una hermosa botella de vodka polaco que tuvo la deferencia de traer, pero eso es otro asunto...
Entramos al pabellón y un segurata nos dice que vayamos directamente a las gradas, que llegamos tarde y no hay sitio. Mi amiga Marta hace amago de subir por las escaleras, pero la cojo y me la llevo a la pista. "Esta historia me la han contado mil veces", le digo, "que es por desatascar". Y allí que nos plantamos, en medio-medio de la pista, aún a mitad de su capacidad, treinta segundos antes de que saltaran al escenario ellos. Perdón: Ellos.
Su primer disco salió hace siete años y yo sin conocerles. Quizá os suene de oirla en bares esta otra, que está ahora de moda:
En este último videoclip se puede ver que ya cuentan con más de tres duros para grabarse.
En pleno éxtasis musical, se despiden y se piran. Mierda. Con las ganas que me he quedao. Pero al rato salta Franz Ferdinand con un despliegue de luz y sonido descomunal. Fieles a su estilo. Saludo y al turrón: "Houla Medrid!" y sueltan esto:
Uno tras otro fueron cayendo The Fallen, Take me Out, Michael, Jacqueline... o uno de sus clásicos...
Creo que nunca he temido tanto por los cimientos de un edificio... Se veía una clara tendencia de más a menos, pero aún quedaba traca. Entre otros, Ulysses, del último disco, o la típica gamberrada de The Outsiders (a partir del 5.07 viene lo bueno):
Ahí los tienen. Cinco personas tocando la batería. Nos despacharon con un impecable This Fire y tan contentos que nos quedamos, oiga. Pasamos por un par de bares para beber algo y calmar el subidón (la chica estaba de turismo y no podíamos permitirnos perder toda la mañana del sábado) y, al llegar a casa, creo que tardé dos minutos en poner a descargar la discografía de Mando Diao. Gran descubrimiento. Y con ellos desde entonces.
(Nota de Dudo: el c*br*n de mi hermano me restregó por las napias (llenas de mocos, éstos días) que se piraba a botar como un energúmeno en el conciero de Franz Ferdinand. Y yo me morí de envidia, y le pensé: pues por lo menos que se lo curre y me escriba un post. Un post musical. Espero que lo hayais disfrutado. Yo voy a seguir cantando No You Girl con mi voz nasal carrasposa. Achis. )

